domingo, 30 de julio de 2017

Niv-Mizzet

Niv-Mizet es líder del gremio Izzet y su fundador.
Se cree que tiene más de 15’000 años de edad, pero esto él no lo ha ni negado ni confirmado.

Su intelecto supera por mucho  la del resto de seres del plano, incluyendo a los propios genios de Ravnica.
En todo el plano Niv-Mizzet es conocido como un maestro mago y un prodigioso inventor, a quien es común verle correr como loco por toda Nivix llamando a sus ingenieros cada vez que se le ocurre alguna loca idea, lo que ocurre muy a menudo.
A pesar de ser arrogante, indolente y distraído, Niv-Mizzet es uno de los líderes de Gremios más comprometido al desarrollo de Ravnica, siempre innovando, esto para beneficio de todos los habitantes del plano.
Su compromiso con Ravnica solo es opacado por su enorme curiosidad, rasgo vital para quienes deseen formar parte de su gremio.

Él es el creador del metal conocido como Mizzium, el cual no solo es fuerte y casi indestructible, sino que también es muy maleable. Recubrió su hogar y a el mismo con él.
Luego de la firma del pacto de Gremios, tras un par de milenios, aburrido de la monotonía, Niv Mizzet desapareció de Ravnica por casi 2500 años, esto hasta que llego al gremio un goblin ingeniero de nombre Crixizix, quien le ayudo en la lucha contra los Nephilim. Así, Niv Mizzet logro destruir a dos de ellos, pero al ser atacado por los restantes, este se vio en problemas y casi es derrotado, de no ser por la oportuna llegada del Demonio Rakdos.  En Nephilim había absorbido parte de las escamas de Niv Mizzet, dejándole mal herido.

Dejó Nivix y aparentemente de alguna forma el plano, pues no se le podía encontrar ni usando la mente ardiente, pero regreso justo a tiempo para firmar el pacto de Teysa Karlov.
La mente ardiente es un lazo extrasensorial que ata las mentes de Niv Mizzet y algunos de los Izzet de más alto rango, volviendo a Niv Mizzet en un ser cercano a la omnisciencia.  No cualquier Izzet puede unirse a la mente ardiente, este es un honor que solo unos pocos ostentan.
Luego de esto, el dragón se sintió interesado por un laberinto de Leylines que habían aparecido en toda Ravnica, situando su centro de operaciones en el 10th distrito.  Niv Mizzet puso a sus mejores magos a recorrer Ravnica en busca de los secretos del Laberinto Implícito.

Esto era un proceso lento hasta que se les unió el telepata Jace Beleren, y así, usando ambos sus habilidades lograron desentrañar los misterios del laberinto implícito.
Ral zarek entonces se vio desplazado como el acompañante más cercano del dragón, lo que ocasiono la molestia del ingeniero.
Poco después Niv Mizzet lanzaría la invitación a los demás gremios para que participaran en la carrera. La primer opción de Niv Mizzet como su campeón era Jace Beleren, pero cuando este declino, se decidió a participar el mismo creándose un avatar, un Weird llamado Melek.

Sin embargo, estando en el paseo transgremial para iniciar la carrera, Ral Zarek apareció, absorbiendo a Melek.
Luego, cuando los corredores llegaron a la meta la curiosidad del dragón le obligo a viajar allí y ver lo que sucedía, encontrándose no con doce sino con catorce corredores pues también allí estaba Lazav de los Dimir y Jace Beleren, quien tenía dentro de sí la mente de todos ellos. Niv Mizzet le facilito la mente ardiente, con lo que Jace pudo controlar y calmar a los competidores, siendo así nombrado el nuevo pacto viviente de Ravnica.

Hoy, los proyectos del Niv Mizet continúan en Nivix y como prueba de esto son las constantes explosiones en el edificio.

Nicol Bolas

Nicol Bolas, la serpiente infinita, el cornudo o el dios faraón de Amonkhet es el más poderoso de los cinco dragones ancestrales quienes habían sobrevivido a la guerra de los dragones y habían encontrado refugio en el plano de Dominaria. Se cree que él es el planeswalker más poderoso del multiverso hoy en día y tiene 25’000 años de edad, siendo posiblemente el ser viviente más antiguo que existe.

La marca de Bolas es su toque, una habilidad innata del dragón con la cual puede entrar en cualquier mente y despedazarla si así lo desea, volviendo prácticamente imposible la coherencia.
Él es un maestro del mana azul, negó y rojo, aunque se sabe que puede manipular los otros dos también. En su duelo contra Teferi este se probó como uno de los mejores magos al nulificar por completo la magia de Teferi.

Nicol Bolas fue originalmente impreso en el set Legends y luego reimpreso en Chronicles, Time Spiral y From the Vault: Dragons, con un nuevo arte. También hay una versión rara de este dragón impresa para un TCG Duel Masters en Japón.
En Conflux apareció Nicol Bolas Planeswalker, un planeswalker tipo Bolas. Más tarde esta carta seria reimpresa en el Duel Deck: Ajani vs Nicol Bolas y en Magic 2013, siendo la primer carta multicolor impresa para un Core-Set.

Es considerado por la mayor parte de fans del juego como el principal antagonista del mismo. Muchos de los eventos más importantes de algunos planos están directa o indirectamente relacionados con Nicol Bolas.
Su fama trasciende los propios planos y aun en planos en donde no ha estado se le teme. Es considerado por Kruphix, uno de los quince dioses de Theros, como una de las más grandes amenazas contra el plano allá afuera, y es el quien ha alertado a sus hermanos sobre esta y otras amenazas como los Titanes Eldrazi o los Nuevos Phyrexians. El propio Kruphix ha admitido que cualquiera de estas amenazas podría llegar a matar a los dioses de Theros.

En los albores del tiempo un gran grupo de dragones, quienes vagaban por las eternidades ciegas comenzaron con una terrible guerra. En esta guerra, la mayor parte de los dragones ancestrales murieron; incluyendo un espíritu dragón de un plano lejano, el cual fue asesinado por el propio Nicol Bolas. Al final de esta guerra, solo los cinco más poderosos perduraron, sus nombres eran; Vaevictis Asmadi, Chromium Rhuell, Arcades Sabboth; Palladia Mors y Nicol Bolas.
Un siglo después de la guerra de los dragones, un leviatán demoniaco y además planeswalker llego a Dominaria, a la región de Madara, combatiendo contra Nicol Bolas por un mes entero hasta que el dragón se alzó con la victoria. Esta batalla redujo aquel territorio a un tercio de su tamaño original, además de que abrió lo que sería la primera de muchas grietas temporales en Dominaria. Fue durante esta batalla que Nicol Bolas logro encender su chispa; además, devoro los restos del Leviatán, con lo que gano un poder increíble, más allá del poder de sus otros hermanos. Sobre los huesos del Leviatán se levantó un templo donde se comenzó a adorar a Nicol Bolas como un dios, cosa que al parecer, fue muy de su agrado.

Un efecto secundario de la batalla fue que el mana verde y blanco quedo exiliado de Madara; por lo que solo el azul, negro y rojo fluían por aquella zona, lo que resulto en un lugar ideal para que Nicol Bolas creciese en poder y en el dominio del mana.
Fundo así el Impero Madara, reinando por 400 años como el dios emperador.
Sin embargo, luego de un tiempo su propio campeón personal se volvió contra él; Tetsuo Umezawa.  Bajo  el entrenamiento de Bolas, Tetsuo aprendió la técnica llamada el Martillo Meteoro,  una poderosa técnica capaz de matar a un planeswalker, misma que era usada para asesinar a los rivales de Bolas, pero viendo la maldad en su señor, Tetsuo se volvió contra él, aprovechando un momento en el que el dragón se hallaba en su plano de meditación y usando el Martillo Meteoro destruyo así el templo de la Garra junto al cuerpo de Nicol Bolas, para después, ir a la realidad de meditación y asesinar allí el alma debilitada del dragón.
Sin embargo, Nicol Bolas no desapareció del todo y permaneció siendo testigo de los eventos del plano como una presencia fantasmal, la cual con el tiempo iba recuperando un poco de corporeidad y así como podía influir de manera débil en las mentes de otros. Así fue testigo de la caída de sus otros hermanos, así como de la guerra de los hermanos, de la era del hielo y del deshielo y la invasión, esperando su momento para volver.

Para cuando las grietas se desestabilizaron Nicol Bolas uso esta energía y confusión y así, logro crearse un avatar el cual tomo la forma de un humano anciano de nombre Sensei Ryu. El ayudo a Teferi contra los descendientes del dragon Wasitora y sus seguidores y luego, viajo con él por las grietas, aprendiendo más de estas. Finalmente fue Venser, quien al tratar de rescatar al Sensei Ryu, libero del todo a Nicol Bolas, quien volvió con una nueva forma física, ahora más joven y poderoso.
Cuando Teferi y Nicol Bolas se volvieron a encontrar, Teferi reto al dragón a un duelo debido a su engaño, pero Teferi fue derrotado en el primer ataque del dragón, el cual dejo su mente hecho jirones, lo mismo que su cuerpo.

Nicol Bolas uso la cabeza de Teferi para molestar a sus seguidores, además de extraer de esta toda la información que pudiese tener.  Dejo la cabeza con desprecio a sus amigos y fue allí que juró venganza eterna contra Umezawa y todos sus aliados y salió en busca de su enemigo.
Viajo a Kamigawa, donde vio como la línea entre el mundo real y el mundo espiritual se hacía débil. Influyo en Lord Konda para que robase aquello que no debe ser tomado y al salir, decepcionado de no encontrar a su enemigo, se enfrentó con el Myojin del Alcance Nocturno a quien destruyo, robando su máscara, misma que podía absorber el mana negro.

Años después volvió a Madara, donde fue emboscado por Leshrac, quien le reto a un duelo. Luego de una épica batalla, Nicol Bolas uso la máscara del Myojin del Alcance Nocturno y encerró en ella a Leshrac.
Luego, sorpresivamente ofreció ayuda a Teferi y sus aliados, diciéndoles que él ya sabía sobre el fenómeno de las grietas, tomando responsabilidad en estas y ofreciéndose para cerrar la grieta de Madara. Sin embargo, como era de esperarse, las intenciones de Bolas no eran las más desinteresadas y solo quería ver como se cerraban las grietas, siendo así que uso la esencia de Leshrac en la máscara, asesinándole y cerrando la grieta de paso. Luego de esto temió que aun así, los esfuerzos de los otros no fuesen suficientes, y temiendo una implosión del multiverso, Nicol Bolas dejo Dominaria buscando escapar a esto.
Sin embargo, gracias al sacrificio de Jeska el multiverso se salvó y el Mending dio inicio. Este evento altero para siempre la chispa de los planeswalkers, la cual quedo reducida.  Aun así, el intelecto y el poder de Nicol Bolas era aún muy superior al de los demás planeswalker.

Sin embargo, este pronto sintió el peso de su edad y el cansancio de la misma y busco entre distintos planos una solución a su deterioro.
Aquí fue cuando llego a un plano desértico, medio moribundo pero aun con grandes cantidades de mana y allí descubrió un mineral que solo se daba allí, llamado Lazotep, el cual tenía un efecto directo con los no muertos, la necromancia y el mana negro y azul, lo que le llamo su atención. También se enfrentó a los ocho dioses del plano, aliándose a Bontu, la diosa traidora, asesinando a tres de ellos y controlando a los cuatro restantes, borrando sus mentes y poniéndoles a su servicio. Nicol Bolas al entrar por la Hekma mato a todos los adultos del plano con un hechizo  y solo dejo a los jóvenes para ser criados por los zombis conocidos como los Ungidos, mientras el creaba una armada de zombis cubiertos de Lazotep conocidos como los eternos, quienes eran los mejores de entre ellos, los más dignos. Esto debilito lo suficiente a los dioses para ser manipulados. Se fue, dejando a Bontu y a su terrateniente el demonio Razaketh a cargo del plano y se marchó; dejando la promesa de sus horas y su retorno. Mientras Bontu le fuese fiel, el hechizo que mantenía a los dioses atados a su voluntad no se rompería.

Luego de esto se encontró con una Liliana Vess envejecida y casi sin chispa y Nicol Bolas se burló de ella, diciéndole que había desperdiciado más energía que la que se podía usar en 12 vidas; además, le recordó que no hace mucho ellos eran dioses.  Para tenerla bajo su control, le hizo hacer un pacto con cuatro demonios, los cuales le devolvieron su juventud y su poder, pero ahora estaba atada a ellos.
Tras esto, encontró un plano quebrado, pero lleno de un mana poderoso y salvaje de nombre Alara y planeo absorberlo, sin importarle que esto significase la muerte del plano y todos en este. Se estableció en la necrópolis de Kederekt en el plano de Grixis y desde allí, comenzó sus manipulaciones.  Fue aquí que conoció a quien sería su más cercano aunque no leal servidor, Tezzeret, el buscador, del plano de Esper.
Él fue quien influyo en la Orden Skyward Eye y en Gwafa Hazid en diseminar la Xenofobia entre ellos ante los miembros de los otros fragmentos. Con ayuda de Tezzeret, Nicol Bolas comenzó a conseguir grandes cantidades de Carmot y Etherium, lo que dio al cabo que ambas substancias fuesen utilizadas y vendidas como drogas.  En el propio Grixis él se había aliado al demonio Malfegor, quien lideraba sus hordas de dragones y zombis contra los demás fragmentos. En Jund otra agente suya, Rakka Mar, comenzó a diseminar el caos entre las tribus salvajes. Finalmente en Naya él fue quien influencio a Marisi, quien ataco liderando a los Wild Nacatl contra sus hermanos los Claoud Nacatl, quienes fueron extinguidos.
Tezzeret, siguiendo las órdenes de Bolas, logro sobrevivir a su batalla en el fragmento Esper, donde encendió su chispa.

Tiempo después del Sundering, Nicol Bolas fundo el Consorcio Infinito, pero este al poco tiempo fue usurpado por Tezzeret. Ante el miedo de lo que podía significar que Nicol Bolas leyese su mente, Tezzeret busco a un telepata que le protegiese, conociendo así a Jace Beleren. Sin embargo, cuando se dio el encuentro entre los tres, le fue muy fácil a Nicol Bolas sobrepasar las defensas mentales de Jace, quien junto a Tezzeret se vieron obligados a escapar del dragón.

Luego de la traición de Liliana y una larga lucha contra Tezzeret que termino con ambos en un plano de bolsillo en el cual Tezzeret planeaba eliminar a dos pájaros de un solo tiro dejando allí encerrados a Jace y a Nicol Bolas, pero al final el dragón le revelo al mago de Vrym que todo este tiempo esto había sido un plan suyo para volver a recuperar el control del Consorcio  Infinito. Aunque Nicol Bolas no logro recuperar el Consorcio, si logro hacerse con un Tezzeret totalmente bajo su control.
Y así, cuando logro activar los obeliscos en los cinco fragmentos; dio inicio el Conflux; la cumbre de su plan en Alara. Gracias a la manipulación de las personas del plano, Nicol Bolas suscito una guerra a escala global, con la cual cargo estos de energía, causando que las tormentas conocidas como Maelstrom fueran más intensas.  Fue en este momento en el que sus manipulaciones además sometieron a otro Planeswalker, Sarkhan Vol, quien comenzó también a servirle, ayudándole a diseminar la destrucción en Alara.

Fue sin embargo su propio desprecio por la vida quien encaminaría a su mayor enemigo desde Toshiro Umezawa; Ajani Goldmane. Las tramas de Bolas habían llevado a la muerte de Jazal, el hermano de Ajani, quien siguió las pistas hasta llegar al propio Bolas.
Fue cuando Bolas se encontraba vulnerable mientras absorbía todo el mana de Alara que Ajani llego y lucho contra él. El Leonin logro crear un avatar gigante de sí mismo con el que peleo contra el dragón, quien se vio obligado a dejar el plano, no sin antes haber absorbido la mayor parte de su energía. Esto obligó al plano a fusionarse; convirtiéndose en la nueva Alara.
Luego de esto, viajo a un plano lleno de mana pero muy volátil e inestable y recordó que aquel plano fue visitado por un antiguo enemigo suyo a quien había robado sus recuerdos. Recordó también gracias a las memorias de Ugin que era aquí el lugar donde estaban encerrados los tres titanes Eldrazi, y deseando verlos y saber si podría sacar de estos algún provecho, coloco en el plano a su agente Sarkhan Vol, quien debía vigilar el ojo de Ugin.


Sin embargo estas órdenes eran una trampa. Con engaños llevo allí también a Chandra Naalar y a Jace Beleren, y en una batalla triple, estos activaron el mecanismo que despertaba a los Eldrazi.
Una vez despiertos Bolas solo observo, y se ignora cuáles eran sus planes concretos respecto a los titanes; pues cuando estos fueron completamente despertados por Nissa, Nicol Bolas dejo el plano, al parecer perdiendo interés.
Su atención estaba ahora en el antiguo Mirrodin, llamado ahora New Phyrexia. Con el propósito de investigar más sobre este lugar, envió a su agente Tezzeret; a quien devolvió algo de su individualidad para que pudiese llevar a cabo su trabajo.

En cierto punto durante la guerra, Tezzeret recibió la orden directa de Nicol Bolas de evitar el ascenso de un único líder entre los Phyrexia; misión en la que fallo cuando la facción de Elesh Norn se alzó con el poder.
Supo entonces que de alguna forma, su antiguo rival, Ugin; estaba con vida en Tarkir; cosa que no previo y esto le hizo acelerar sus planes.
Volvio asi al plano que había conquistado sesenta años atrás, Amonkhet; y despertó a sus dioses, los cuales lideraban a su armada de Eternos.

Con la derrota de la Gatewatch, las noticias de sobre el peligro de Nicol Bolas se han esparcido por el multiverso. En Kamigawa Tamiyo ha comenzado a hablarles a los Moonfolk sobre aquel terrible ser, quien podría llegar en la búsqueda de los descendientes de Umezawa; La Academia Tolariana del Oeste está en alerta también gracias a la visita de Ajani Goldmein. Kruphix; el único de los dioses de Theros que ve más allá del Nyx, vigila los movimientos del dragón con temor; Niv-Mizzet también está al tanto del dios faraón gracias a Ral Zarek, asi como Elesh Norn, gracias a las sondas interdimensionales creadas por Jin Gitaxias. Solo Innistrad, Alara, Zendikar y Tarkir se encuentran tranquilas, ignorantes de la amenaza que se cierne sobre todos los planos.

No se tiene por seguro que plano escogerá a continuación Nicol Bolas, ninguna está a salvo. Podria ir por Dominaria, su primer hogar; buscar a los Umezawa en Kamigawa; atacar la nueva Phyrexia y prevenir una amenaza mayor y tal vez, hacer crecer sus ejércitos; podría volver a Alara a terminar con lo que comenzó; ir a Innistrad por Emrakul; a Tarkir para acabar por segunda vez con Ugin; o a cualquier otro sitio, con cualquier otro plan. Solo hay una cosa segura; la hora de la devastación, apenas está comenzando.

miércoles, 26 de julio de 2017

Hour of Devastation: La Derrota de la Gatewatch

Nicol Bolas voló hacia los cinco, decidido a asesinar a alguien con sus propias manos hoy. Cierto, hoy habían sobrado los gritos, el dolor y la muerte, pero él quería saborearlo por sí mismo.

-Jamás espere llegar a hacer algo con mis propias manos, saben; hubiera sido codicioso; aun siendo yo Nicol Bolas. Yo no puedo ser codicioso; codicioso es desear algo que no se merece y todo lo que yo deseo, es completamente merecido.- pensó mientras bajaba de los cielos con su vista puesta en los cinco Planeswalkers abajo.
Se posó en el medio de una plaza en ruinas. Cuerpos y estaban tirados por todo el suelo y no había pirámide, obelisco u estatua en Naktamun que no estuviese rota. En el otro extremo de aquella gran plaza, cinco planeswalkers lo observaban, serios, decididos; con la determinación pintada en sus pequeños rostros, reconociéndoles a todos de inmediato. Chandra Naalar, la pyromance; cuyo debilidad es su carácter; Liliana Vess, la necromaga, cuya debilidad es su codicia; Jace Beleren, el telepata e ilusionista cuya mente está quebrada por sus propios actos; La elfa elementalista Nissa Revane, siempre inocente y Gideon Jura, Kytheon Iora de Theros; el soldado invulnerable pero traumado.
-Tiernos.- se dijo para si el Dragón. – La Gatewatch; los observadores de las puertas; y eso es justo lo que han hecho aquí; solo observar.- dijo Bolas sonriéndoles. Los Héroes, benditos sean ellos.- y abriendo sus alas hizo volar el polvo  en toda la plaza, oscureciéndola.

Los cinco insectos habían desaparecido por un momento, pero pronto Bolas logro ubicar las llamas de Chandra.
En ese momento sintió una ligera perturbación en sus pensamientos.
-Vamos, entra Jace. No te voy a detener. ¿Quieres controlarme? ¿Quieres borrar mi mente? ¿Quieres ver mis recuerdos? Entra niño, eres mi invitado.- dijo riéndose cruelmente Bolas.
Nicol Bolas alzo su cabeza hacia los cielos y escupió una intimidante llamarada roja al fuego.
Los cinco planeswalkers estaban a su alrededor, moviéndose como los lobos que acorralan a un búfalo, lo que de nuevo le causo mucha risa a Nicol Bolas.
-Ataquen de una vez por favor; me muero por ver su plan. Espero que no sea algo tan simple; espero que no sea algo como “Tu lo quemas, tú lo elementalizas, tú lo zombificas, tú lo engañas y el otro lo bloquea”- dijo en mofa el dragón.
Chandra y Nissa se movieron por detrás del dragón.
-¿Ustedes creen que son los planeswalkers más poderosos o más maliciosos con los que me he enfrentado? Sé que conocen a Ugin; Jace, podrías preguntarle cómo murió. Debería contarles sobre Leshrac también; pero creo que ustedes no están para historias. Deberían estar agradecidos conmigo; no soy lo peor que hay allí afuera;  los que mueren por mis manos, pueden considerarse afortunados. – dijo para luego relamer sus labios con su lengua bífida.

El silencio incomodo permaneció, los planeswalker no hablaban, solo se posicionaban.
-Solo recuerden no subestimarme; a mí, el dragón ancestral, el archimago, un emperador, un faraón y un dios.
Jace miraba al dragón fijamente mientras hablaba.  Nada de lo que había sucedido ese día salió como lo había planeado. Había sido testigo de demasiadas muertes, demasiado horror, demasiadas vidas que no pudieron ser salvadas. Jace jamás había visto tanta muerte. Se sentía en cierta forma vacío por dentro, su mente y corazón trataban de sobrellevar la pena y el dolor. Aun podía escuchar dentro de su cabeza  los gritos de los niños, la gente corriendo solo para ser asesinadas por la espalda, el zumbido incesante en la ciudad.
Jace había urgido a Gideon a hacer un plan; pero Gideon, lleno de ira había avanzado a la batalla sin pensarlo.

-El pagara por todo lo que ha hecho.- fue lo último que Jace escucho decir a Gideon. Esta ira nublo el corazón de los planeswalkers, quienes aún podían ver los cadáveres de los niños en las calles; ni siquiera Liliana se salvó de sentir lastima por aquel plano e ira por las injustas muertes.  Ellos solo querían hacer justicia.
Gideon fue el primero en cargar contra Nicol Bolas, saltando hacia el con su escudo puesto delante. Esto distrajo al dragón quien recibió dos bolas de fuego fantasmal desde un costado. Unas ramas salieron de la tierra, sujetando al dragón de los pies, evitándole alzar vuelo de nuevo. Fue entonces que los cadáveres que estaban esparcidos a lo largo de la plaza se comenzaron a levantar.
En este momento, Jace intento atacar la mente de Nicol Bolas mientras los demás lo entretenían.
Jace entro y vio una gran cámara vacía, limpia e inmaculada, negra, como obsidiana pulida. No había entradas ni salidas, pero de pronto una puerta de cristal apareció. Entro en ese momento por la puerta, pero cuando esta se cerró tras él, entendió su error; había entrado a la mente de Bolas, su territorio, lo mismo que hicieran todos al llegar a Amonkhet.

Afuera, sus amigos no lo hacían mejor. El fuego de Chandra no afectaba a Nicol Bolas, los Zombis de Liliana eran menos que moscas molestas y con solo una exhalación se liberó de las ataduras de Nissa.
Gideon cargo hacia el con su escudo, pero con el revés de la mano Nicol Bolas lo envió contra una pared, la cual le cayó encima.
Bolas estaba entretenido y cuando Chandra, Nissa y Liliana fueron a ayudar a Gideon este simplemente les dejo; ocupándose del enemigo dentro de él.
-Tú has vivido solo por un parpadeo y por un débil talento natural te crees tan poderoso como para tocar mi mente.- dijo la voz de Nicol Bolas en el interior de su cabeza y esto asombro a Jace. – Y ustedes creen que yo soy el arrogante.
Jace no contesto, pero busco con desesperación algo, cualquier cosa que pudiese atacar allí. Entonces vio un rastro de energía el cual le guio hasta otra puerta, una puerta cerrada que el trato de forzar.
-Si quieres entrar niños, ya te dije, solo pídelo. – dijo la voz del dragón y la puerta se abrió.
Al pasar por esta, Jace se topó de frente con el dragón, quien estaba allí esperándole con una sonrisa.
A una velocidad asombrosa Nicol Bolas se lanzó contra Jace y lo comenzó a golpear contra las paredes de la cámara. Cada golpe destrozaba su mente y el Jace que estaba en el campo de batalla cayo de rodillas, con las manos en su cabeza y un grito aterrador en su boca. Sus amigos corrieron hacia el pero fuego y la cola de Nicol Bolas les detuvo el paso.
-Aun puedo escapar, solo necesito un segundo.- dijo Jace quien aún era vapuleado en el interior de la mente del dragón.
-Segundo que no tienes.- le dijo Bolas riendo, divertido. Con cada golpe, algunas de sus memorias desaparecían de su mente y pronto ya no tuvo más fuerzas para combatir.
Una vez la mente de Jace estuvo derrotada, el dragón le pateo fuera de su mente; volviendo a su cuerpo; el cual físicamente estaba intacto, pero mentalmente estaba en estado crítico.

Cayó de lado al suelo, temblando incontrolablemente y con espuma saliendo de su boca. Una fuerza subconsciente arrastro entonces a Jace a las eternidades infinitas; de donde fue transportado a una torre.
-Jace.- dijo otro dragón sorprendido; pero la mente de Jace estaba en blanco.
Ral Zarek y Niv Mizzet miraron sorprendidos y consternados al Living Guildpact.
Liliana miraba atónita el punto donde segundos antes estuvo Jace. Aún tenía el grito de Jace en su mente, un grito que ella conocía bien, el grito de la muerte y el corazón de la mujer latió de preocupación por Jace, a quien a pesar de todo, era el único hombre que amaba.
Liliana se estremeció y lágrimas salían de sus ojos.
-No, Jace no puede morir; él no puede estar muerto. El camino entre planos, no está muerto.- se decía, confusa.
-Un experto mago mental.- se burló Nicol Bolas de Liliana mientras de nuevo enviaba a Gideon contra otra pared. – ¿Y eso a ti que te importa? Tú lo traicionaste; dos veces, abusaste de su cariño. Olvida a ese tu mascota Liliana; tu futuro es a mi lado como parte del consorcio.
-Amo a mis mascotas.- respondió ella con furia. También le enfurecía verse así, vulnerable, débil; llorando por Jace; preocupado por el trio de perdedores atrás de ella a quienes se había acostumbrado. Sabía que había elegido mal; sabía que lo correcto era traicionar a sus amigos y unirse a Bolas, pero no lo haría; no ahora, ahora debía vengar a Jace.
-Úsame una vez más; desata todo tu poder.- grito Liliana y frente al rostro de ella apareció el velo de cadenas, el cual se puso.
-Juguetitos.- dijo Bolas despectivo.
-Eres una estúpida si crees que puedes ganar esta pelea Liliana; huye.- dijo entonces la voz del hombre cuervo en su mente.

Ella solo quería que su mente estuviese vacía de nuevo.
-Si vas a usar el velo; este desatara todo el poder de los Onakke muertos; pero a un gran costo; ellos te subyugaran a tu voluntad Liliana; y aun así; no tienes la victoria asegurada.- le dijo el hombre cuervo.
Nicol Bolas simplemente ignoro los ataques de Nissa y Chandra y miro a Liliana sonriendo con sus enormes colmillos puntiagudos.
-Liliana; no creas que no me alegra verte. Te vez maravillosamente saludable.- Dijo condescendiente el dragón.
-Te voy a matar Bolas, voy a asesinarte y voy a reanimar tu cuerpo para…
-Ya basta Liliana, deja de ponerte en ridículo. Estos niños ya tenían perdida esta batalla aun antes de nacer; no hay forma posible, no con la mejor de las suertes ni el mejor de los planes. De entre ellos, el único que supo que era ser un planeswalker de verdad eras tu; no es así. Yo voy a recuperar ese poder; dime Liliana, ¿no deseas recuperar lo que perdiste?
Liliana se sintió tentada. Ella sabía que Nicol Bolas no metía, pero aun oía el último grito de Jace al desaparecer y esto era suficiente como para enfrentarlo.
-No podrás derrotarlo sin nosotros, úsanos.- dijeron los espiritus de los Onnakes en el velo. Marcas purpuras llenaron su cuerpo.

-Te comprendo Liliana.- dijo Nicol Bolas bajando su voz, haciéndola lo más dulce que la voz de Nicol Bolas pudiera serlo.- Tú te uniste a ellos, confiada en tu capacidad de manipular; talvez, no estar tan sola, ¿cierto? Pero el problema de juntarse con tontos es… pues justo esto.
-Libéranos, lo destruiremos; libéranos.- decían las miles de voces en el velo extasiadas.
-¿Sabes cómo usar el velo sin que este absorba tu vida, tu mente y tu voluntad? Porque yo si. Los espíritus de los Onakke solo buscan liberarse a través de la destrucción de tu cuerpo y la corrupción de tu alma.
-Miente, el miente. Nosotros lo destruiremos, lo asesinaremos.- dijeron los espíritus de los Onakke en la máscara.
-Él dice la verdad Liliana; él te puede ayudar.- le aconsejo el hombre cuervo.
-Callense, todos cállense.- dijo Liliana cayendo de rodillas al suelo, con el velo de cadenas frente a ella.
-Es una arma muy problemática en manos de los no preparados, pero una prueba de tu poder es que aun vives, no ha podido destruirte aun. Ven conmigo Liliana; yo te ayudare a que liberes el verdadero poder del velo. Yo te librare de las ataduras que aun te amarran.

Liliana vio al frente y su mirada se topó con la de Gideon.
-Eres valiente Gideon; pero se necesita más que valentía para derrotar a Nicol Bolas.- se dijo dentro de sí al ver a su amigo salir de los escombros.
-Te prometo algo Liliana; ya sea que uses el velo de cadenas o no; si insistes en combatirme, te matare. Yo soy mil veces más poderoso que tu telepata; mis flamas mil veces más calientes que la de la piromaga; mi sola presencia asusta a los elementales de la elfa y es una comparación ridícula mis planes comparados contra los de su así llamado táctico. Ellos solo están vivos porque aún me sirven, ¿no lo entiendes?
-Mientes.- grito Nissa con furia.
-¿Yo, mentir? No tengo la necesidad elfa, solo mira a tu alrededor. Mira mi poder desplegado en este lugar.
-Vamos Liliana, no seas estúpida; vete. El sitio más seguro para ti es donde yo quiero que estés.
-Él tiene razón, no podremos ganar hoy. Debemos irnos, reagruparnos, buscar a Jace y cuidarlo; encontrar alguna manera.- les grito Liliana quien había comenzado a llorar de nuevo a sus amigos.
-Él dice la verdad Liliana; tú haces lo correcto.- le dijo el hombre cuervo.
Chandra bajo la mirada para no ver a Liliana mientras Nissa sacudía su cabeza incrédula. La furia en el rostro de Gideon se notaba desde lejos.
-Por favor; si se quedan morirán.- dijo ella quien odio la desesperación y el tono de súplica como dijo estas palabras.
Ninguno respondió nada.
-¿Dónde deseas que vaya maestro?- dijo Liliana con un nudo en la garganta, volviéndose hacia Bolas. -¿Dónde deseas que vaya?

-No Liliana, no. Eras mi amiga; reímos juntas; eras mi amiga.- dijo Chandra cuyas manos y cabello se encendieron aún más.
-Lejos. Cuando te necesite, te encontrare. Hay muchas cosas que hablar. Vete Liliana.- dijo complacido el dragón.
-Y lo eres Chandra; la mejor. Jamás te hare daño; vete tu también.- dijo Liliana quien casi no podía ver por las lágrimas.
-Vete mi niña.- le dijo el hombre cuervo y así ella salió de Amonkhet.
Lloro amargamente en las eternidades ciegas para luego, volver a Innistrad; donde su castillo y sus zombis le esperaban.
Chandra solo deseaba que ese día terminara, aquel horrible, maldito día.
Ella creyó que el plan de Gideon de atacar de frente era el correcto;  pero ahora veía que el actuar precipitado de Gideon había condenado su misión y esto le enfado, pero no con Gideon, sino con ella misma pues vio lo que un carácter asi podía hacer, un carácter como el suyo propio.
Nada de lo que le lanzara al dragón parecía herirle; aun el fuego fantasmal parecía solo ser aire golpeándole; ni siquiera lo suficientemente fuerte como para borrarle su sonrisa del rostro.
-Dos menos, faltan tres.- dijo Nicol Bolas posando su mirada sobre Chandra.- Disculpa haber incomodado a la necromaga; pero, ¿Cómo se les ocurrió incluirla en su grupito de justicieros? ¿Tienen un proceso de selección o solo meten a quien quiere?
-Cállate. – fue lo único que Chandra pudo gritar ante las burlas del dragón, llena de ira. Una bola de fuego blanco salió de las manos de Chandra, golpeando en el rostro al dragón, quien retrocedió ante el ataque.

-Lo hice, lo herí.- dijo Chandra aun furiosa pero exaltada. –Gideon, Nissa, es posible herirle. Gideon avanzo y se colocó a su lado, dispuesto a unirse a Chandra en el ataque; pero Nissa miraba fijamente al dragón y esperaba que esto fuese presagio de que la elfa estaba planeando algo.
-Suficiente niños tontos.- dijo el dragón elevándose unos pocos metros en el aire. –Chandra Naalar, tú tienes muchas características útiles. Eres emocionalmente inestable y poderosa, eso te hace muy manipulable; eres, impredeciblemente predecible. Realmente me gustaría que reconsideraras.- dijo el dragón.
Chandra lanzo de nuevo llamas contra el dragón.
-Entre esas características útiles sin embargo, no está la inteligencia al parecer, ¿atacar a un dragón con fuego? eso es estúpido.- dijo elevándose para luego, lanzarse contra Chandra.
-Ven.- dijo Chandra al verlo descender, pero entonces picos del suelo comenzaron a salir, intentando empalar a Nicol Bolas; quien aunque logro evadir fácilmente los ataques de Nissa, se vio obligado a elevarse de nuevo.
-Bien Nissa; vamos, tu puedes.- dijo Chandra extasiada al ver a la elfa peleando.

Ambas se miraron y sonrieron, pero la cola del dragón barrió con ambas debido a esta distracción.
Una roca salió disparada hacia Chandra quien también volaba debido al golpe de la cola de Nicol Bolas contra el suelo. Chandra la exploto con una bola de fuego, pero varias rocas menores le golpearon con fuerza, quebrándole dos costillas.
El dolor le cruzo por su cuerpo y al caer al suelo, fue incapaz de levantarse. Sin embargo, antes de lograr nada, la enorme garra de Nicol Bolas la tomo.
Chandra, estando en la palma del dragón intento lanzar un hechizo, pero su dolor era mucho y creció aún más cuando al apretarle el pecho con un dedo escucho otro hueso romperse. Ella gritó en agonía.
-Chandra; déjame mostrarte lo que un dragón puede hacer.- dijo Nicol Bolas; pero un elemental enorme salto y golpeo a Nico Bolas en el aire; haciéndole caer a él y a Chandra.
Nissa corrió hacia donde había caído Chandra, quien se sujetaba el pecho con una mano, casi sin poder respirar.
-Vaya, eso debe doler bastante.- dijo Nicol Bolas tras haber incinerado al Elemental que lo ataco, poniéndose de pie. Chandra trato de levantarse, pero cayó de inmediato.
El dragón se lanzó contra la pyromaga, pero muchas manos de la tierra salieron, apreisionando a Nicol Bolas.
-Vamos Nissa, tu puedes.- dijo de nuevo Chandra al tiempo que el dragón se liberaba.
-Bien, juguemos rudo. Hasta ahora he sido modesto con mi poder. Deben entenderlo, yo soy más que un dragón.
Del suelo un humo negro comenzó a salir y este sujeto a Nissa, atándola en el suelo.
-No, no, no; tengo que… - decía Chandra dando dos pasos, pero de nuevo cayó al suelo con un grito de dolor.
-Vete, ahora.- le grito Nissa quien estaba aún prisionera de aquellos tentáculos oscuros.
-No…- dijo tratando de levantarse una vez más, pero el dolor de nuevo la tiro al suelo.- ¿Dónde está Gideon?-Pensó.  No podía respirar, el dolor era demasiado y sabía que estaba a punto de desmayarse.

-Vete, yo estaré bien; vete.- dijo Nissa con una voz cada vez más apagada.
Nissa vio una llamarada que cubrió a Chandra mientras caía inconsciente, pero solo quedo suelo quemado u sangre en el lugar donde ella había estado.
-Chandra.- dijo la voz de Pia cuando su hija había aparecido justo detrás de ella.
Nissa se sintió aliviada al saber que su amiga se había marchado, sin embargo, ella sabía que lo más probable es que ella y Gideon no pudiesen escapar, si es que Gideon aún estaba vivo.
Estaba atrapada, y aunque sus manos estaban en contacto con la tierra, esta carecía de vida; no habría suficiente allí para invocar a otro elemental y además, esto solo le distraería; pero no sería con elementales como derrotaría a Nicol Bolas y ella lo sabía. Además, la presencia del dragón de alguna forma le hacía más difícil el contacto con la tierra.
-Esta tierra es mía elfa. – dijo Nicol Bolas acercándose a ella al tiempo que los tentáculos negros comenzaban a entrar por su boca, nariz y oídos; llenándola de una sensación enloquecedora que apenas y podía combatir. – Solo puedes tocarla con mi permiso.  Sin los dioses, la única fuente de energía soy yo; yo soy Amonkhet.

Ella comprendió entonces que nunca tuvieron oportunidad y se tapó el rostro recordando el horror que había presenciado.
Nicol Bolas le acaricio el rostro con la punta de una uña mientras sonreía.- Ustedes han sido bendecidos; ustedes serán de los pocos mortales que pueden decir que vieron el comienzo de…
Pero Nico Bolas no pudo terminar, pues una explosión de luz en una casa derribada y luego, a Gideon volando a toda velocidad contra el con su escudo al frente hicieron voltear al dragón, quien recibió el impacto de la tacleada del soldado, mismo que lo lanzo a varios metros.
Nissa ya no soportaba el contacto con aquella tierra y sin poder evitarlo, salió de allí.

Vio un Hedron en lo alto y respirando aliviada al fin se desmayó, siendo tomada antes de tocar el suelo por Kalastria; quien fue sorprendida por la aparición de la elfa Joraga.
La furia era lo único que lo manejaba. Solo una vez en su vida se había sentido tan inofensivo, tan pequeño, tan vulnerable y odiaba esa sensación.
El habia jurado hace mucho no dejar de nuevo morir a un amigo y ahora, varios de ellos podrían estarlo; varios de sus amigos en el plano lo estaban, su diosa Oketra lo estaba y el no pudo hacer nada.
El vio a Chandra y a Nissa ser lastimadas, a Liliana traicionarlos y a Jace; no quería pensar en Jace, temía que su gran amigo estuviese muerto o demasiado herido.
Nicol Bolas se levantó y Gideon salto con la idea de decapitar al dragón con su surral; solo era un golpe, un golpe certero y al menos vengaría a los muertos y a los dioses de Amonkhet; pero lo Bolas lo tomo y lo clavo en el suelo con fuerza.
No ganaras, yo te derrotare.- dijo Gideon furioso, pegado al suelo por la mano del dragón.
-No ganaras, yo te derrotare.- dijo burlándose el dragón.- Gideon Jura, para ser un estratega eres pésimo analizando una situación. ¿No vez que ya perdiste?, es más, jamás hubo forma de que ganaran. Eres un idealista Gideon; buscar eliminar el mal, el dolor de todos los planos; salvarlos de la destrucción; pero todo muere, todo perece, recuerda a tus amigos de Theros.
Gideon reconoció que la derrota se había debido a su precipitación y a que la ira y el doler le cegaron, pero se negaba a creer que Nicol Bolas fuese invencible.
Gideon coloco su escudo entonces y la mano del dragón se apartó al fin de su cuerpo, pero aun la presión de esta lo mantenía contra el suelo.
-Le dicen a Jace ilusionista, pero el ilusionista eres tu Gideon. Tú le haces creer a los demás y a ti mismo que eres invencible, pero no lo eres.- dijo Nicol Bolas y una de sus uñas atravesó el escudo del soldado y se clavó en su hombro derecho, atravesando piel, musculo y hueso, y aunque el dolor era insufrible, Gideon no le dio el gusto de oírle gritar.

Gideon trato de fortalecer su escudo, pero Bolas clavo más su garra hasta que esta se encontró con el suelo.
-Podría matarte ahora mismo Gideon; cuando yo quiera. Pero no creo que te interese morir, por la manera descuidad en la que juegas de héroe y te entromete en las vidas de otras personas arruinándolas por completo.  Si lo deseas, te permitiré vivir, para que pienses en lo patético y minúsculo que eres y en lo ridículo que es que juegues de héroe, así veras, lo realmente inservible que eres.  Pero aun si decides quedarte y morir, manteniendo tu honor y tu coraje Gideon, hazlo; por mí las dos son igual de buenas; así de poco me importas; así de poco me preocupas Kytheon Iora.
Gideon con lo que le restaba de fuerzas logro sacar la garra de Bolas, aunque este realmente no ponía resistencia alguna y frente a él; tras un haz de luz, Gideon desapareció.
Apenas consiente cruzo las eternidades ciegas; cayendo de espaldas contra el césped.
Sentía la sangre  bañándole la mitad del cuerpo.  Sus ojos se cerraron cuando una enorme mano negra tomo su cuerpo del suelo, levantándolo y mirándolo con interés.
Algunos fuegos aun ardían y unos cuantos templos terminaron de derrumbarse.
Nicol Bolas se irguió, complacido.

Unos pasos tras él se acercaron.
-Llegas tarde. ¿Dudaste de mí?- dijo el dragón sin voltear.
-No maestro, tan solo me retrase. Realmente los derrotaste demasiado rápido, no dejaste nada para mí. Pero ni uno solo muerto.- dijo con decepción Tezzeret colocándose al lado de Nicol Bolas mientras buscaba algún cadáver conocido en la plaza.
-Hay cosas peores que la muerte Tezzeret; ¿No lo has aprendido aun?- pregunto Bolas mirándole por fin.
Tezzeret trago grueso.
-Maestro, tengo que actualizarlo sobre el asunto de…
-Luego; primero necesito que contactes con nuestro nuevo miembro, necesito hablar con el.- dijo el dragón.
-¿Nuevo miembro? Y como se llama.-pregunto interesado el artífice.
-Ral Zarek; creo que lo podrás localizar en Ravnica al lado de una imitación de dragón. Dile que no estoy conforme con su avance y que quiero reunirme con él.
Tezzeret sonrió maliciosamente y en un relámpago metálico dejo el plano.




Hour of Devastation - La Muerte del Dios Escorpion

Luego de haber dejado a aquellos extranjeros a cargo del dragón, Samut, Djeru y su pequeño grupo  habían logrado recoger a unos cuantos supervivientes más.
En las calles de Naktamun solo se veían caminando patrullas de Eternos, pues los vivos o habían muerto, o escapado o se habían logrado esconder muy bien.  Las calles de Naktamun  estaban inquietantemente  silenciosas, escuchándose únicamente las nubes de langostas que las sobrevolaban y algunos caminantes revividos por la maldición del plano.


Por delante de Samut iba un joven visir de Hazoret abriéndoles camino. Él se hacía llamar Haq y no pasaba de los catorce años;  fue el quien les narro a Djeru y a Samut sobre la batalla que él había presenciado entre Bontu y Hazoret; sobre la traición de Bontu  y de la crueldad del dios faraón.
-Luego de que Bontu cayó, el dios escarabajo se levantó y comenzó a atacar la ciudad con  los eternos. Tuve suficiente tiempo de huir pues estaba en el templo de Hazoret; pero al correr la perdí de vista.- dijo Haq con calma y elocuencia.

Como un visir de Hazoret, él podía sentir su débil presencia. El lideraba al grupo que buscaba a la diosa cuando un grupo de momias los atraparon en un almacén. Ellos se escondieron dentro de los barriles de pescado salado hasta que Samut y su grupo llego.
Ahora una vez más el joven lideraba el grupo de Samut. Ella rezaba con que pudiesen llegar hasta la diosa a tiempo. Haq guiaba al grupo por la ciudad, cruzaron los restos de un gran monumento y al doblar la esquina, todos se detuvieron, sin aliento. Frente a ellos estaba el cadáver de Rhonas.
Algunos allí se hincaron y otros se acercaron, tocando al dios sin creer en lo que sus sentidos les decían. Sin embargo, los dedos de sus hijos tocaron el oro y la seda divinas del dios y les llego la realidad de golpe. Muchos lloraron, otros gritaron y varios se abrazaron entre ellos y al cuerpo de Rhonas en el suelo. Djeru fue uno de los que se acercó y toco la máscara dorada del dios, llorando.
Sintiendo la ira ascender dentro de ella, Samut se acercó a Rhonas.  Ella subió al pecho del dios y les hablo a los suyos así:
-Hermanos, hermanas; todos nos lamentamos; pero vamos a sobrevivir. Si creen que esto es una prueba más del dios faraón, vengan conmigo y pruébense dignos; pero si saben que él nos traiciono a todos, únanse a mí para pelear por un mañana. Nosotros representamos la fuerza de Rhonas; él nos la dio y nos la mostro; a través de sus enseñanzas y pruebas.

Los supervivientes rugieron en solidaridad con Samut y cambiaron sus rostros de miedo y tristeza por rostros de rabia.
En ese momento Djeru vio al horizonte y volviéndose a Samut le dijo: - Debemos buscar refugio.
Samut miro al lugar al que miraba su amigo y vio que desde la puerta del más allá una terrible tormenta se acercaba rápidamente.
Samut convoco a todos para que se retirasen y volviesen por dónde venían, pero Haq detuvo a Samut.
-Hermana; Hazoret viene; y no está sola.- dijo Haq.
-Guerreros, prepárense. Estén listos. – Ordeno entonces Samut deteniéndose y deteniendo al grupo.
Todos sacaron sus armas y se colocaron telas sobre el rostro para aguantar la arena que ya estaba sobre ellos. Muchos del grupo hallaron refugio detrás de los restos del monumento que habían cruzado, pero Samut, Djeru, y Haq no se movieron, recibiendo de lleno la tormenta.

La arena se metía en todo sitio a pesar de la ropa y pronto la oscuridad llego a ellos y no hubo más ruido que el de la tormenta.
Entonces, a través de la arena Samut lo vio, una enorme sombra acercándose en las tinieblas. La silueta se comenzó a delinear y pronto ante ellos tenía a la diosa Hazoret.
La alegría inicial del grupo pronto termino, pues todos vieron que la días no se veía bien. Ella se sujetaba a su lanza con una mano mientras que la otra le colgaba inerte a un lado. Tenía varias heridas en su cuerpo dorado y su respiración era agitada y dificultosa.
-Hazoret, ya vamos por ti.- grito Haq, pero sus palabras se perdieron en la tormenta.
Hazoret entonces le dio la espalda al grupo, se puso de pie y una mirada de determinación apareció en su rostro dorado.
-Corran.- les grito la diosa.
La orden fue tan dura y clara que todos comenzaron a correr antes de pensar si quiera en lo que hacían, pero Samut, siendo la primera en detenerse vio que frente a la diosa aparecía otra silueta, una silueta aún más grande que ella.

Un aguijón enorme apareció de entre la arena y Hazoret apenas pudo evadir el golpe con su lanza; pero Samut noto que la diosa estaba herida y que ahora era más lenta. Hazoret se alejó del dios escorpión, alejándole a su vez del grupo de supervivientes, encendiéndose en medio de la tormenta para que este lograse ubicarla.
-Ella está invocando un hechizo.- dijo Samut a los que tenían al lado al ver varios fogonazos rojizos entre la oscuridad de la arena.
-Guerreros, avancen.- ordeno entonces Djeru a su grupo y ellos avanzaron hacia la diosa, con Samut y Haq siguiéndoles. Muchos de los que habían buscado refugio lo abandonaron para seguir al grupo.
A medida que se acercaban podían ver enormes remolinos y látigos de fuego adelante, golpeando con fuerza en medio de la tormenta. El calor de los ataques de la diosa fue tal que impidió a los supervivientes acercarse mucho a ella.

Samut fue la única que a pesar de las llamas continuaba avanzando directo hacia las llamas. La silueta de la diosa le fue clara enmarcada en sus propias flamas.
Pronto una llama se lanzó hacia el dios escorpión, girando a su alrededor a gran velocidad, aumentando la temperatura a cada segundo.  Pronto un pilar de fuego encerró al dios escorpión.
-Ella lo ha atrapado en su trampa de fuego.- grito Haq con alegría. De hecho Samut podía ver claramente desde donde estaba al dios escorpión en medio del remolino de fuego.
-No puede estar aún vivo.- dijo Djeru.
Sin embargo, el dios escorpión, cuyo caparazón se había puesto rojo dio un paso adelante, estirando su brazo hacia Hazoret. Luego dio otro y otro más.

El viento pronto enfrió su caparazón, haciéndolo pasar del naranja intenso de nuevo al negro.
Hazoret intento avanzar hacia él, pero cayo de rodillas ya sin fuerza.
Entonces al verla vulnerable, el dios escorpión corrió hacia ella.
En un parpadeo el aguijón del dios escorpión se lanzó hacia la diosa y todos escucharon el sonido de este entrando en la piel de la diosa.
Samut observo horrorizada e inmóvil la escena.  Hazoret había logrado detener el golpe de su enemigo con su mano inerte, donde se había clavado el aguijón, pero ahora este intentaba recuperarle, sacudiendo con él a la diosa quien gritaba de dolor. Samut vio como el veneno verde y brillante del dios escorpión se esparcía por el cuerpo de la diosa, hacia su corazón y cabeza.
La lanza de Hazoret se encendió y colocándola en su herida la cauterizo para después encenderse por completo, haciendo retroceder al dios escorpión y quemando con esto su veneno.

El dios escorpión de nuevo cargo contra ella.
Samut grito al ver esto y sintió como su corazón se llenaba de dolor y terror, los cuales terminaron convirtiéndose en ira y coraje. Ella sentía, aunque no los podía oír, a los guerreros atrás de ella preparando sus hechizos.
Vio entonces al dios escorpión, colosal; y ella, era tan pequeña; pero no le importaba.  Perdiendo todo control Samut corrió hacia Hazoret; y salto sobre ella directo hacia el dios escorpión con sus dos Kopesh en las manos.
Ella golpeo al dios escorpión de lado, golpeando su caparazón. Así, logro hacerle una herida; que aunque fue pequeña en comparación, le mostro que el fuego de la diosa al menos había logrado suavizar la impenetrable piel del dios escorpión.

Samut reía como loca, llena de ira y regocijo.  Ella corría por el cuerpo del dios, apuñalando y cortando todo lo que pudiera, usando la gravedad para hacer heridas mayores. Por un momento logro incluso abrirse un canal por entre el caparazón del dios, destrozando la carne suave dentro. El dios escorpión se retorcía de dolor y rugía con furia, sacudiéndose y tratando de alcanzar con sus garras a aquel parasito. Muchos notaron la ironía al ver al dios insecto tratando de matar a Samut como uno. La guerrera corría por su brazo pero este lo sacudió, con lo que logro librarse de Samut, quien fue a caer contra la arena.
En ese momento de la nada un minotauro apareció justo debajo de las paras del dios escorpión y de un golpe le hizo tambalearse, al tiempo que otros magos lanzaban sus hechizos contra el dios.
-Samut, hay que empujarlo al rio.- grito Djeru corriendo a su lado. De inmediato ella se levantó y corrió con los demás guerreros quienes empujaban a un confundido dios escorpión hacia un obelisco derrumbado.
Al ver el pico del obelisco, ella comprendió el plan de Djeru.

-A mi.- grito Samut a los sobrevivientes, liderando así un grupo de ellos.
Los mortales hacían retroceder al inmortal. Un aven estaba por sobre sus cabezas, lanzando hechizos al rostro del dios cegándole y los minotauros estaban a sus pues, cortando los tendones del dios escorpión.
Sin embargo este aún se defendía y lanzando un chorro de veneno contra algunos magos logro derretirles. Sin embargo, los mortales continuaron atacándole, acercándole más y más al obelisco.
En un momento el dios escorpio se detuvo en seco, plantándose en el suelo a tan solo unos metros de la trampa.
-Debemos empujarlo, solo un poco más.- dijo Samut a su grupo.
-Dios oscuro, por Rhonas, yo te destruiré.- escucho ella detrás de sí y se volteo para ver a un Khenra sujetando en alto el báculo de Rhonas, mágicamente reformada por sí misma. Sus manos brillaron con un brillo dorado  y algo de la fuerza del dios paso por su cuerpo a través del báculo y con esta energía corrió con el báculo hacia el dios escorpión.

Samut y los demás supervivientes se hicieron a un lado, dejando pasar al Khenra cuyo rugido era feroz mientras avanzaba. Con un rugido salto y golpeo al dios escorpión. Este coloco su brazo para defenderse, pero el brazo del dios escorpión salió volando se su cuerpo y con el golpe fragmentos de su caparazón se agrietaron.
Allí Djeru ordeno a su grupo avanzar; y así lo hicieron, llevando consigo una cuerda, con la cual atraparon las piernas del dios escorpión, haciéndole caer; pero no estaba alineado, por lo que Samut de nuevo salto y golpeo al dios de lado, haciéndole empalarse por completo en el obelisco.

Los sobrevivientes celebraban, pero Samut miraba al dios escorpión desconfiada, aun retorciéndose en el obelisco.
-Gracias mis niños.- dijo Hazoret quien había llegado con Haq al lado. – Han hecho más por mí de lo que jamás les pediría; pero permítanme, terminar esta tarea yo misma.
Todos se alejaron del dios escorpión al tiempo que Hazoret se acercaba. Ella vio a la bestia con lágrimas en sus ojos.
-Tú mataste a mis hermanos y hermanas. Pero sé que no lo quisiste. Descansa ahora tú también hermano mío. Que mi fuego te libere de estas oscuras ataduras.- y diciendo esto, golpeo al dios escorpión con su lanza, hundiéndole aún más en el obelisco. Un humo negro salió de él y luego, todo lo que quedaba era cenizo.
La diosa entonces se volvió a ellos y los vio, a todos arrodillados. Entonces vio a Samut, a quien se agacho para tomar con su mano del suelo. La guerrera podía sentir el tibio calor de la mano de la diosa.
-En la arena me dijiste que creías que yo no era lo que me forzaban a hacer; que yo era quien debía proteger a mis niños cuando más lo necesitaran.- dijo Hazoret.

-Y lo has hecho Hazoret; te lo agradezco. –dijo Samut con lágrimas en los ojos y una sonrisa en sus labios.
-No; fueron ustedes mis niños quienes me cuidaron a mi cuando más lo necesite.- replico la diosa. Mi corazón es tuyo, Samut, la probada; quien fue más allá de las pruebas y venció la oscuridad.
Lágrimas de alegría llenaron el rostro de Samut. Una mezcla de orgullo, fuerza y amor por su gente y su dios le invadieron. Ella entendía que este era un pequeño triunfo entre una desgarradora oscuridad, pero también significaba que la flama de la esperanza aún estaba viva.
Los gritos de euforia y alegría a su alrededor entraron dentro de ella también.
Y fue en ese momento, en las manos de Hazoret que algo en su alma se encendió.
De pronto sintió una sobrecarga de energía recorriendo su cuerpo y luego, se vio jalada hacia un lugar oscuro, dejando allí a su diosa y a los suyos. En aquella oscuridad solo veía relámpagos de aether hasta que de pronto, se vio de cara contra un césped verde.
Se levantó confundida, pero al alzar la vista lo estuvo aún más. No había ningún sol en los cielos; el cual poseía una oscuridad particular; y en este, miles de pequeñas estrellas danzaban en el firmamento. Entonces algunas estrellas e movieron, tomando una forma, una forma de algo que a pesar de ser extraño y completamente nuevo, de alguna manera ya conocía. Sobre ella, había una silueta como la de un hombre pero de cuatro brazos que parecía verla desde lo alto. Samut se froto los ojos.

Camino entonces por aquel lugar, donde las plantas y la arquitectura eran diferentes. Escucho sonidos de flautas y vio unos seres extraños, mitad personas mitad cabras danzando.
Una mezcla de miedo y nostalgia le llenaron y al parpadear, se vio de nuevo en Naktamun
-Yo soy como ellos. Yo soy una caminante de planos.- se dijo a si misma al verse de vuelta en su hogar.
Alrededor de ella, los demás sobrevivientes la miraban sorprendidos; pues para ellos; Samut solo se había desvanecido en el aire para aparecer poco después a su lado.
-Mi niña.- dijo Hazoret a Samut con algo de preocupación; pero la voz de Hazoret le dieron paz a Samut quien por primera vez en días, se permitió descansar y sin fuerzas, cayo desmayada; pero antes de tocar el suelo Hazoret ya la había levantado en su mano de nuevo.
Un terrible estruendo se escuchó en los cielos. El gran dragón dorado volaba sobre la ciudad, mirando expectante, pero no era a ellos a quien miraba.
-Supongo que los extranjeros se enfrentaran con el invasor en cualquier momento.- dijo Djeru con su Kopesh en la mano.

-Debemos ir a ayudarles.- dijo el Khenra quien aún portaba el báculo de Rhonas.
-No haríamos nada; es una batalla que no ganaríamos. Estamos muy lejos de nuestra verdadera fuerza.- respondió Djeru.
-¿Entonces, no haremos nada?- pregunto indignado el Khenra.
-Sobrevivir.- dijo Hazoret levantando su lanza y señalando con ella a Nicol Bolas.- Cuando fuimos ocho, nos levantamos en su contra y perdimos. No sé si estos extranjeros pueden derrotarle, pero orare por su éxito. Pero nosotros, por ahora mis niños; solo debemos resistir, perdurar y sobrevivir, Iremos a los desiertos y nos ocultaremos en las arenas y entre los espejismos. Mientras respire del aire de Amonkhet, yo los protegeré.
-Y nosotros a ti.- dijo Djeru a Hazoret golpeándose con el puño su pecho, lo que fue imitado por el resto.
Hazoret miro entonces a Samut en su mano y sonrió con tristeza.
-Esta es mi campeona inesperada; la niña que vio la verdad. Aquella quien amaba a los dioses tan fervientemente que se enfrentó a ellos para protegerlos.
Y así, Hazoret llamo a todos los que aún permanecían escondidos y reuniéndoles en un gran grupo, marcharon hacia los desiertos.

Hazoret solo volvió la vista cuando el dragón descendía para enfrentar a los extranjeros en las ruinas de Naktamun.