lunes, 10 de julio de 2017

Amonkhet - Temmet & Hapatra

Poco después, siguiendo al Aven llegaron donde un joven quien apenas y sobrepasaba los 15 años; el Visir de la ciudad, Temmet. El Visir los saludo y de ellos solo Gideon entendió un poco de lo que decían ya que este idioma era parecido al de Theros, pero Jace arreglo el problema al conectar las mentes de sus amigos con las de algunos locales, haciéndoles absorber el idioma en segundos. Temmet sin embargo no parecía muy impresionado por Gideon, contra quien se mostró algo hostil; pero al ver a Liliana este quedo embelesado por ella, a lo que Liliana se sintió halagada y Jace se puso rojo como un tomate.

 Cuando la conversación termino; Temmet se despidió de ellos a la manera de los locales, diciéndoles, La Hora de su regreso esta próxima… y se quedó esperando por una respuesta que jamás llego. Ellos no sabían que este era el saludo de Amonkhet y que se debía contestar a esto “Y que nos encuentre siendo dignos”, lo que levanto aún más las sospechas de Temmet.
Temmet entonces decidió llevarles a conocer la ciudad y tal vez así conocer algo más de estos extranjeros.
Mientras andaban por las calles, se sorprendieron de ver que los ciudadanos solo se dedicaban al estudio y al entrenamiento, mientras que las otras labores eran realizadas por una horda de esclavos no muertos envueltos en sedas blancas. Liliana quedo maravillada ante este sistema que ella misma llamo “perfecto”.
Temmet le dijo a Liliana que ellos eran los ungidos, los que habían fallado la prueba y habían sido encontrados no dignos de la presencia del dios faraón.

Mientras Temmet les invito a su palacio, Gideon escucho un alboroto afuera y salió al balcón a ver lo que sucedía y allí, su corazón quedo regocijado al ver a otro de los dioses, pero esta vestía de blanco y tenía una máscara dorada de gato, y en la mano un arco dorado y entendió que ella había sido quien había ayudado a la otra diosa en el desierto contra los Wurms.
Al pasar al lado de Gideon, Oketra miro a Gideon, quien sin poder contenerse, callo de rodillas, sobrecogido por la presencia de la diosa.
Gideon pensó, que a diferencia de los dioses de Theros, quienes observan el mundo desde el Nyx y rara vez bajan de este, Oketra no solo caminaba entre su pueblo, se dejaba tocar y recibía con sus propias manos los tributos de leche y miel que le hacían.

-Tú eres mío Kytheon Iora; tu destino aún no está decidido.- le dijo la diosa a la mente de Gideon y este se prosterno llorando, sintiendo la fe y devoción que había perdido cuando fue traicionado por Heliod y Erebos.
Oketra continuo caminando y al rato de esto, Gideon al fin se levantó, viendo como sus compañeros de la Gatewatch lo miraban intrigado, mientras que Temmet le miraba complacido; ya que este había sido elegido por Oketra, lo que elimino toda inseguridad que pudiera tener el Visir sobre los visitantes, mostrándose a partir de entonces más amable con ellos, en especial con Gideon y claro, Liliana.
Chandra pregunto a Gideon que era un dios, ya que en Kaladesh ni en ningún otro plano antes los había visto y este le explico lo mejor que pudo, que los dioses son aspectos del propio mundo, como en Theros los dioses eran el sol, el inframundo, los bosques, las montañas y así; pero también le dijo que los de Amonkhet eran distintos, ya que no representaban cosas del mundo, sino cualidades abstractas como la furia, la unidad, el misterio, la sabiduría o la fuerza.

La conversación fue interrumpida cuando calle abajo escucharon a una mujer gritar. Al llegar al lugar vieron a una mujer corriendo y gritando como loca mientras era perseguida guardianes de la ciudad. Ella gritaba que todo era una mentira; los dioses, las horas, el dios faraón, todo era una mentira.
Chandra iba a ir a ayudarla, pero Gideon la detuvo al ver llegar a Temmet. Este se disculpó con ellos por el desorden y les invito a volver a su palacio, pero Chandra lo enfrento y le exigió saber quién era ella, que había hecho y cuál sería su destino. Temmet les explico que ella era una iniciada de Bontu y que se había probado indigna, por lo que sería convertida en una ungida.
Esto no les hizo gracia a ninguno de los dos, pero por el momento decidieron no actuar y reunir un poco más de información.
Esa noche la Gatewatch pasó en el palacio de Temmet, donde Liliana, Jace y Nissa durmieron plácidamente, pero ni Chandra ni Gideon lograron conciliar el sueño a pesar de su cansancio. 

Esa Noche, Nissa tuvo un sueño donde el propio espíritu de Amonkhet le hablaba, diciéndole que él estaba prisionero dentro de catacumbas muy antiguas. Le narro que el había bendecido al plano, haciendo que lo muerto volviera, pero que con su encierro, esta bendición se volvió una maldición.  Le contó a Nissa que antes él era quien cuidaba las almas de los muertos encerradas en jarras, pero estas jarras le fueron arrebatadas y las almas fueron corrompidas, manipuladas y esclavizadas.  Nissa despertó algo asombrada de este sueño, pero ella sabía que había sido más que un sueño.
Poco antes de salir el sol, Gideon decidió ir a caminar y sin saberlo, sus pasos le llevaron hasta el templo de Oketra, donde para su sorpresa, la diosa le esperaba frente a este.
¿Qué buscas Kytheon Iora? – le pregunto la diosa directamente en su cabeza.
Por la mente de Gideon pasaron muchas palabras tales como respuestas, paz, libertad, justicia, pero al final, solo dijo: “-A ti.”

En ese momento, Nissa salía también del palacio de Temmet con una Chandra medio dormida y casi arrastrada de la mano.
Luego de caminar por un rato, Nissa se sintió mal por el calor y busco una sombra para sentarse. Chandra le busco un vaso de agua y luego de beber, ella estuvo a punto de expresarle sus sentimientos, pero sintiéndose algo incomoda, Nissa dio un salto y continuaron caminando.
Luego de un rato se toparon con una esfinge, a la cual quisieron hacerle unas preguntas, pero esta solo les miraba como bichos raros.
Fue entonces que vieron a una mujer adulta, de hecho, la persona de mayor edad que habían visto, una mujer de unos treinta años, morena, llena de adornos de oro y quien era traída en una silla que estaba en hombros de unos ungidos.

La mujer se presentó como otra Visir, Hapatra y les conto que las esfinges habían tomado un voto de silencio hasta la llegada del dios Faraón. La mujer, quien resulto ser muy amable e interesante. Ella les dijo que en Amonkhet, todos tenían un corto recuerdo del pasado, pero si ellos lo que buscaban eran respuestas, ella misma podría llevarlos ante Kefnet; el dios de la sabiduría, quien a fuerza debía tener algunas respuestas.
Casi al mediodía Liliana despertó y fue invitada a comer con Temmet. Ella acepto y fue agasajada por el joven, quien sin embargo, le termino diciendo que su amigo el mago estaba en la librería del palacio, a lo que ella fue a buscarlo para pedirle que la acompañara. Al principio Jace estaba renuente, pero luego de ver que allí los textos no eran más que propaganda reciente y que no encontraría nada útil, salió con Liliana.
Por otro lado de la ciudad, mientras Nissa y Chandra caminaban hacia el templo de Kefnet; Hapatra les conto sobre las horas y les dijo que estas eran promesas del dios faraón y que al volver, el mundo sería aún un mejor lugar, donde los dignos ya no morirían jamás y ninguna enfermedad los atacaría.

Luego de un rato de caminar Jace y Liliana tuvieron una discusión pues este supo al leer su mente que ella quería buscar a Razaketh, por lo que la dejo sola. Sin Jace, ella entonces desistió de la idea de cazar al demonio, por lo que busco todos los lugares donde pudiera estar bien atendida por los ungidos y así, entro a un baño; el cual estaba solo y ella se relajó en sus aguas tibias. Sin embargo, al abrir los ojos vio frente a ella a un hombre de negro a quien conocía muy bien, el hombre cuervo.  Este le dijo que no era momento de descansar y que debía moverse cuanto antes. Ella se molestó y le dijo que la dejara en paz y que todo lo malo que le había pasado había sido por su culpa, pero el hombre cuervo le replico que por el contrario, él era quien la había estado cuidando y que a él se debía que Emrakul no hubiera entrado en su mente y que era el quien impedía al velo de cadenas poseerla del todo, pero que ya no podía hacerlo más, por lo que la próxima vez que lo usase, podría ser la última. Le recomendó usar a sus amigos en vez del velo y desaparecio.

Nissa y Chandra hicieron entonces detenerse a Hapatra para examinar unos monumentos que Chandra encontró interesantes al sentir un espíritu de fuego, débil pero aun latente dentro de estas ruinas. Nissa leyó los jeroglíficos allí esculpidos, y noto, en una primera inspección que estos habían sido retocados, siendo estos retoques los cuernos de Nicol Bolas, los cuales aparecían casi en todos lados. Además, leyó que en un tiempo hubo ocho dioses y no solo cinco en Amonkhet.
Continuaron solo para volver a detenerse al ver unos sarcófagos de roca en las afueras de la cuidad. Hapatra les explico que estos eran los sarcófagos para quienes fallaban las pruebas de los dioses y que de hecho, la mujer que buscaban estaba en uno de estos, pero ella no sabía cuál.

Sin embargo, antes de investigar más, se sorprendieron al ver a Gideon llegar en compañía de Oketra.
Oketra hablo a la mente de Nissa y le pregunto si ella había hablado con la tierra; a lo que ella no solo contesto que sí, sino que también le dijo a la diosa que el propio plano estaba asustado y moribundo, pero Oketra guardo silencio y tan solo movió un poco sus orejas.
Oketra les dijo en voz alta entonces que los sarcófagos eran sagrados y que por lo tanto, no podían acercárseles.
De nuevo con el pensamiento Nissa se comunicó con Oketra y le pregunto que había pasado con los otros tres dioses, pero esta respondió que no tenía memoria de ellos ni de nada hacia atrás de cierto punto.
En ese momento Chandra noto algo en el pecho de Gideon y se molestó al ver el cartucho de la diosa, lo que quería decir que Gideon había comenzado las pruebas. A pesar de esto Nissa calmo a Chandra diciéndole que esto Gideon lo hacía por razones personales que ninguna de ellas jamás llegaría a comprender y que su decisión debía ser respetada.

Liliana para entonces había vuelto a encontrarse con Jace y, tras una serie de preguntas por parte de Jace, las cuales no tuvieron una respuesta del todo clara, se decidió a ayudar a Liliana en lo que fuese que anduviera.
Luego de un rato de caminar se encontraron con un templo al que entraron; allí, vieron a muchos ungidos trabajando en la creación de más ungidos y a Jace le horrorizo ver que solo eran jovencitos muertos en las pruebas. Liliana sin embargo, observo con más cuidado el proceso de creación de estos zombis y noto que no había necromagos presentes y que los ungidos eran controlados por los cartuchos que les colocaban en el cuello, pero sin embargo, estos volvían a la no vida por si solos, en un proceso natural del plano.
Al examinar los jeroglíficos en una de las paredes de aquel templo, vio que estos se dibujaba la forma de un demonio; Razaketh, quien según Jace, era la última prueba, ya que el demonio bloqueada las puertas al paraíso, a la hora prometida y al retorno del dios faraón.
Jace de nuevo se iba a ir al ver las verdaderas intenciones de Liliana, pero esta, aun viendo la pared no pudo contener  decir en voz baja; Razaketh.

De inmediato los ungidos allí se volvieron hacia ella, siendo que durante todo ese tiempo ni les habían puesto atención y todos a una voz comenzaron a decir el nombre de la necromaga.

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